Ninguno de los libros de este mundo te aportará la felicidad, pero secretamente te devuelven a ti mismo. Hermann Hesse
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El mercader de Venecia
Myosotis Rowan
20 mar 2016
2 Min. de lectura
Este Mercader de Venecia hay que leerlo desde el punto de vista de los tiempos de Shakespeare. Los tintes claramente xenófobos pueden herir sensibilidades. Es imposible sentir simpatía por los protagonistas principales, en los cuales prima más el odio por los judíos que el amor a la justicia.
Sobre todo, la petición final de Antonio a Shylock hace pensar en la falsa moralidad del mercader, en las injustas y mal llamadas guerras santas (¿cómo puede ser una guerra santa?) y en la siempre presente santa inquisición (y permitidme que no utilice mayúsculas. No me merece la pena darle tanta importancia como para eso). La tolerancia brilla por su ausencia.
Shakespeare se deja llevar por la ideología de su época, cosa por otra parte comprensible, y dota a su Shylock no sólo con el "pecado" de ser judío, sino con los más viles sentimientos del ser humano.
Shylok es acusado una y otra vez de ser judío y de que su pueblo crucificó a Cristo.
¿Acaso Cristo no era judío? Parece que se nos olvida ese pequeño detalle siempre.Sinopsis:En 1856, Venecia es la ciudad-Estado más importante del Siglo XVI. En ella, Antonio es un burgués mercantil cristiano muy respetado. Su amigo y amor platónico Bassanio le pedirá dinero para poder conquistar a la bella Portia. Bassanio le pedirá 3000 ducados a su amigo para realizar el viaje que lo lleve a conocer a Portia y poder casarse con ella. Antonio, al no disponer de este dinero, pedirá un préstamo al usurero judío Shylock el cual accede a dicho préstamo con la condición de que, si en tres meses no han sido devueltos los 3000 ducados, Shylock podrá cortar un cuarto de libra de carne de Antonio.