Copérnico
- Myosotis Rowan
- 29 abr 2016
- 2 Min. de lectura

Cogí este libro con muchas ganas y mucha ilusión. Y hasta cierto punto debo decir que me enganché y que se le puede llamar una prosa poética.
Sin embargo Banville va cambiando el estilo hasta volverlo chabacano y rastrero, haciendo que absolutamente ninguno de sus personajes caiga ni medianamente bien.
Llegando a la página 200, ya es infumable, pesado. También me ha hecho darme cuenta, que la literatura actual irlandesa no es lo mío. A pesar de provenir de una tierra donde lo mágico tiene o debería tener mucho que ver, al igual que con "Las cenizas de Ángela", de Frank McCourt, "Copérnico" me llena de inquietudes y cuando se cierra el libro el lector parece salir de una pesadilla desagradable, y aún la sensación le dura como una masa viscosa y repulsiva que se le adhiriera a las entrañas y tan sólo lentamente se viera libre de ella. Por otro lado, a pesar que se supone que se trata de la vida de Copérnico, el autor trata más de lucirse con su estilo que de indagar en los estudios del científico. No sólo no explica ni una sola base de sus teorías, sino que además las pasa por alto. Se tiene la sensación de estar ante el Guadiana, que aparece y desaparece sin que se explique ni una sola de sus equivocaciones, ni uno solo de sus aciertos. La vida de Copérnico se corta con la muerte de su hermano Andreas, sin que el lector se entere de uno solo de sus progresos, y el siguiente capítulo muestra la decrepitud del matemático contada a través de un adolescente repulsivo y maleducado para achacarse toda la gloria que Copérnico obtuvo. Definitivamente un libro prescindible que no puedo poner ni con mi mejor buena voluntad en lecturas recomendadas. Sinopsis La astronomía era el instrumento, pero él buscaba algo más profundo, lo más profundo: el meollo, la esencia, la verdad. Pero el estudio de los enigmas no le enseñaron a vivir. La Iglesia le había ofrecido una vida tranquila; las universidades, el éxito académico; sin embargo rechazaba el celibato y el rigor religioso. Su silencio escondía a un ser frío y atormentado para el que lo más cercano y familiar era la observación del firmamento y los movimientos de los planetas. Sufrió las luchas entre polacos y prusianos, y entre católicos y luteranos; pero, sobre todo, la conspiración contra la difusión de su teoría que destronaba al hombre y hacía de la Tierra un planeta más.