Don Manuel Azaña Díaz
- Myosotis Rowan
- 19 ene 2017
- 3 Min. de lectura

España, o quizás debería decir la mayor parte del ser humano y los españoles en particular, somos de extremos. Pocos del centro. Sobre todo en política. Me explico: cuando somos de un partido (sea el que sea), nos cuesta mucho ser críticos con él. Y nos cuesta mucho reconocer las cosas que el otro partido, el "enemigo", ha hecho bien. Y esto es sólo un reflejo de la sociedad. Vamos a muerte con una persona que queremos y sus enemigos son nuestros enemigos, y si bien podemos reconocer las faltas de nuestros amigos o familiares, no estaremos tan dispuestos a reconocer las bondades de su enemigo o de la otra rama de la familia política. Curioso, ahora caigo en lo de familia política, quizás porque es así como nos comportamos en cuanto a política pura y dura. El caso es que cuando uno se encuentra la vida de uno de los presidentes de la Segunda República española escrita por un autor con ideas franquistas, no se espera lo que tiene entre manos. Emiliano Aguado, aunque desencantado tras la guerra con las ideas nacionales, no puede evitar que sus simpatías hacia el bando de los rebeldes se vean reflejadas en la obra y, aún así, AÚN ASÍ, no duda en reconocerle el valor y las virtudes a este hombre. Esta novela es todo un ejemplo del saber estar, del orgullo en el buen sentido, de la dignidad pasando por encima de las ideologías de cada uno. Una obra imprescindible y que abre la ganas de saber más (de hecho quiero hacerme con los discursos de Azaña). Cosas negativas a decir de la novela, pocas. Quizás que hay que estar muy puesto en todos los presucesos, sucesos y postsucesos de la Guerra Civil y estudiarlos detenidamente (que siempre nos quedamos en la superficie). Si no es así, el lector puede sentirse muy perdido, como me ha ocurrido a mí, que a fondo, ya tras el reinado de Isabel II me pierdo, políticamente hablando. Así que otra enseñanza que me deja la biografía, es que me tengo que poner al día en Historia Contemporánea (que es la que menos me gusta), aunque es la que me toca más de cerca. Sinopsis: Escrita por el riguroso historiador Emiliano Aguado, esta obra, más que una biografía de Manuel Azaña, es la exposición de su tragedia. Y, como la tragedia de un hombre tiene sus raíces en su vida y en la relación de ésta con su entorno, el análisis arranca del hombre y del político. LA tragedia de Manuel Azaña fue la obligación de echar sobre sus espaldas todos los asuntos que no supo o no pudo resolver la monarquía: una trampa mortal, que se cerró sobre el Presidente de la II República española cuando las fuerzas políticas del momento hicieron el vacío a su alrededor, dejándole sin un colaborador fiel, sin un interlocutor válido, sin un apoyo sostenido y eficaz. Esta obra, que se ha escrito contando los documentos, los testimonios y la experiencia personal de un español que no fue azañista, ofrece una imagen clara, sencilla, desapasionada y objetiva de un político que puso su empeño en hacer de sus conciudadanos hombres dueños de sí mismos, amantes de la verdad y enemigos de rumores y malediciencias; de un intelectual reformista en época y en tierra de pasiones. El libro es fundamenta para profundizar en la personalidad de la figura política más controvertida de la II República española y entender de algún modo su postura durante la guerra civil del 36.