Lo primero es hacernos con la pieza de cordero que queremos asar. Las dos más típicas son el costillar y la pierna de cordero (a poder ser lechal, mucho más rico, tierno y jugoso), y lo que varían son los tiempos. Se parecen, pero hay que tener cuidado. Además, cada horno es un mundo, y al ser un asado que lleva un tiempo alto, cada pequeña variación supondrá diferencias grandes en tiempo a lo largo del proceso.
coger una bandeja de horno y llenarla con 2 milímetros de agua. Tenemos que inventar algún método para que la pieza de cordero no esté en contacto con el agua, por lo general una rendija metálica. Este agua se evaporará durante el asado hidratando la pieza de cordero para que quede mucho más jugosa y a la vez suelte aquí su grasa para conseguir una salsa increíble.
Podemos añadir especias, laurel y ajo al agua,
Antes de introducir el cordero al horno tenemos que salar la pieza con sal gorda. Simplemente echad unas gotitas de agua sobre la carne y untad la sal por encima, sin que coja demasiado pero sin preocuparos del exceso, ya que es muy difícil que se nos quede salado usando sal gorda.
Precalentamos el horno a 200ºC, introducimos el cordero con la parte interior del cuerpo hacia arriba y lo bajamos a 180ºC. Estará así más o menos una hora, y cuando la carne tenga un tono blanco que indica que se está haciendo sacamos del horno, lo giramos y volvemos a introducir más o menos una hora más.
Vamos a saber perfectamente cuándo está hecho el cordero, porque ya tiene la pinta que debería con sus toques dorados. Pero aún nos queda un último toque, ya que vamos a subir la temperatura al máximo durante uno o dos minutos, para tostar ligeramente la piel. Muchísimos cuidado, no queremos que se nos queme ahora, así que vigilad constantemente y sacadlo antes de que sea tarde.
Servimos en una bandeja y pasamos la salsa que ha quedado en la bendeja a una salsera para que cada uno se eche la que quiera.