Eucalipto rojo
- Myosotis Rowan
- 20 mar 2017
- 2 Min. de lectura

A veces la sinopsis que aparece en la contraportada de un libro, nos lleva a equivocaciones y, por desgracia, pocas veces en el buen sentido, casi siempre es a la inversa: una presentación increíble de la trama, que luego se queda en agua de borrajas. Mientras que pensaba que iba a encontrar una historia intersante sobre las vicisitudes de los primeros pioneros en Australia, su contacto con los nativos, etc, me encuentro con un peliculón de sobremesa con tintes de novela rosa. Susanne Wahl ha intentado enmarcar en los comienzos de los asentamientos australianos, una historia que pretende ser una nueva Rebecca, una Jane Eyre o, incluso en cierta escena, un Lo que el Viento se llevó, y que no consigue más que desinflarse cuanto más intenta encender en el lector el interés. Aunque es cierto que la novela comienza bastante bien, luego va perdiendo la fuerza y hasta el secreto que esconde el protagonista, después de darle tantas vueltas para hacerlo llegar a las últimas páginas, pierde el interés y al lector o, en este caso, a mí, me da igual descubrirlo al final y lo que quiera que sea. Personajes que podrían haber tenido una mayo relevancia y que podrían haber dado un giro a la novela quedan en cuarto lugar, como el personaje de la nativa australiana. En cuanto a los hechos históricos en relación con los aborígenes, se toca muy por encima en tres páginas (contadas) de casi 500. Superficial, pesado y en muchos momentos carente totalmente de interés. Recomendado únicamente, para quien, en un momento dado, no quiera quebrarse mucho la cabeza, poco más. Sinopsis: LA LLAMADA DE LA TIERRA ROJA. Hasta ese momento Friderike ha esperado durante todo un mes a pisar por primera vez la tierra en la que todos los suyos, luteranos, se han visto obligados a encontrar una nueva patria: ¡Australia! Con trabajo y esfuerzo la joven consigue sacar adelante un jardín. El negocio prospera y cuando se casa con el experimentado Daniel, sus sueños parecen cumplirse. Sin embargo, la felicidad no durará mucho.