Buscar
Historias de España
- Myosotis Rowan
- 27 abr 2017
- 2 Min. de lectura

A pesar de coincidir en su crítica a esa España profunda, injusta, desafortunada, repulsiva e insensible, el libro no ha sido de mi gusto. Con un estilo laberíntico, repetitivo (aunque sea una figura literaria y espléndidamente usada por Cela) y aún haciendo gala de un conocimiento profundo e increíble de la lengua castellana, he de reconocer que me he perdido en su lectura a veces y que no ha conseguido mantenerme pegada a sus páginas. De hecho he agradecido que se lea tan rápido y su brevedad, porque si hubiera contenido el doble de páginas de las escritas, no hubiera llegado al punto final. Sinopsis (palabras de Cela): Siento un especial cariño por estos cuatro desmanes literarios qeu hoy salen nuevamente a la luz porque en ellos late, con muy uin melodía y según supongo, la imagen de una España que se bate en retirada, la España que me tocó vivir y a la que amo de todo corazón pese a sus pifias solemnes, sus crueldades domésticas y sus descaecimientos políticos. Lo que más me gusta de estas páginas que ahora resucitan es el aire que las circunda, el alientillo dulzón y hasta empalagoso en el que vienen envueltas como si fueran de jalea de membrillo. Los personajes de la historia universal- las guerras Púnicas, la guerra de la Independencia, la guerra de los Boers, la guerra Europea- no son jamás de carne y hueso sino de cartón piedra o de goma de viejo neumático recauchutado y por eso los difuntos merman en cuanto les pasan unas semanas por encima. Aquí en la raya de México, mi compadre Josefino de la Buena Muerte, serpientero y bailarín de corridos, me demostró que aunque sean las doce del día se puede andar descalzo sobre la arena sin quemarse y sin miedo a la víbora de cuernitos; los indios pápagos son capaces de los más insólitos experimentos. A los personajes de la historia universal les chuparon la sangre de las venas para que los niños pudieran recordarlos mejor. La culpa no fue mía sino del Follera, el edecán de don Segundo; yo cumplo con advertirlo.