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Hellboy integral I

  • Foto del escritor: Myosotis Rowan
    Myosotis Rowan
  • 17 ago 2017
  • 5 Min. de lectura

Pues hoy no parece un buen día precisamente para hablar de Hellboy, con todo lo ocurrido en Las Ramblas... o quizás sea el mejor día, para no pensar demasiado, para evadirnos de este mundo cada vez más loco, donde unos cuantos asesinos sin escrúpulos deciden destrozar la vida de personas inocentes, inofensivas, que nada tienen que ver con sus mierdas mentales, y deciden hacer esto en nombre de un dios que, supuestamente, es el creador de lo que ellos destruyen. Y como ya hoy estoy cansada de llorar por estas aberraciones, que no ocurren sólo en nuestro país, sino alrededor de todo el mundo, he decidido aislarme en otros mundos deseando más que nunca tener superhéroes o antihéroes (como es el caso), que sin escrúpulos, decidan barrer toda la porquería que la naturaleza humana, nuestra naturaleza, y el ansia de poder y de opresión consiguen hacer de este mundo que debería ser un paraíso, un infierno. En fin, a ver cómo lo hago. A veces, la vida nos cansa tanto, que decidimos ver algo que jamás hubiéramos visto si nos encontráramos con las pilas cargadas. Buscamos algo en esos momentos de bajón anímico y físico que no nos haga pensar mucho y lo mismo nos podría servir algún mal llamado programa del corazón, que ver una peli que consideramos de clase B porque sólo hay mamporros y poco más, es decir, dejarnos llevar, sin más, sin darle más vueltas a la cabeza. Y eso fue lo que me ocurrió el otro día. Me puse a ver una película de Hellboy por no tener otra cosa peor a mano. Y encima ni siquiera era la primera, sino la segunda. Y lo que empecé a ver con desgana, me terminó cautivando de tal forma, que dos días después, me estaba tragando la primera película, aún mejor que la segunda, sobre todo por ese guiño a Lovecraft. Y tan cortas me parecieron, tan escasas, que decidí darle una oportunidad al cómic. Problema: no tengo espacio para tener cómics sueltos y decidí arriesgarme con el integral. Arriesgarse, que se llama eso. Así que me fui a Rara Avis, lo encargo y me lo traen. Ya en la segunda película hubo algo desasogante y es que, a pesar del buen fondo del protagonista rojo, a pesar de luchar por la humanidad, se convierte en todo contra lo que a mi vez lucharía, pues precisamente alza el brazo contra lo natural, contra lo que hoy llamaríamos el mundo ecológico, la recuperación de espacios verdes, en favor de un desarrollo humano devorador de cuanto le rodea y sin escrúpulos y todo esto para ser vilipendiado por sus propios protegidos. El cómic, sin embargo, al principio me decepcionó bastante. La relación entre los personajes no es tan intensa (y no me refiero a la historia de amor, que por ahora en el integral ni aparece, y es de agradecer, porque me pareció demasiado obvio y convencional esa relación con Liz donde al final, para que todo sea mucho más aceptable, llega hasta dejarla embarazada, como debe ocurrir en toda relación que se precie de serlo según los cánones establecidos por la sociedad más ortodoxa), me refiero más bien a la interrelación de Hellboy con sus propios compañeros. La estética de las viñetas, para mi gusto, podría estar más cuidada. Es demasiado minimalista y a veces hasta simplista, con falta de rostros en las caras. Y además con un espíritu demasiado estadounidense para mi gusto, sin un respeto hacia otras culturas o mitologías. Y es que, a pesar de que Hellboy, ese brutote rojo, llega a crear simpatía hacia su persona, vuelve a luchar contra todo lo que hoy en día ya no es visto como nocivo (y no hay que perder este punto de vista, que desarrollaré más tarde). Me explico: he crecido con Baba-Yaga, he crecido con la mitología egipcia y con la mitología nórdica, y con la africana, y creo que, gracias a los cuentos y las leyendas, con casi todas las mitologías de alrededor del mundo. Y realmente me fastidia que un personaje como Hellboy, al que se le podría sacar mucho más jugo, se le simplifique tanto. Es decir, los mitos ya son malos de por sí porque además han sido invocados por los nazis. Se abalanza para partirle los morros a un perro gigantesco que él cree Anubis (¿en serio? ¿De verdad vas a pelearte con el dios de los muertos egipcio?). Es decir, me da la sensación de que ya pertenecer a la mitología es ser maligno de entrada, sin más explicaciones. Y tan sólo me reconcilié con Hellboy cuando en una de las últimas viñetas se plantea si lo que hace está bien o mal, porque al fin y al cabo lucha contra los suyos. Pero, claro, el personaje tampoco quiere pensar mucho en eso, porque entonces se acabaron sus enemigos. Y Hellboy tiene que seguir luchando y dando mamporrazos. Y ahora que he dicho todo lo malo, viene la duda, la duda de mi comprensión y entendimiento hacia el personaje: porque me faltan otros dos tomos, que tengo que leer y quizás así entienda mejor a Hellboy y vea como evoluciona. Así que voy a darle a este respecto un margen de confianza. Por otro lado y sabiendo la forma de pensar estadounidense y su nivel cultural y además teniendo en cuenta que los mitos y los personajes mitológicos están sufriendo una reconversión hoy en día (por fin), hacia una forma de verlos mucho más comprensiva, puedo entender que en 1994 todavía se tuviera esa visión por ejemplo, de Medusa, uno de mis personajes mitológicos feministas preferidos, al que por fin, a día de hoy y poco a poco, se le está dando el lugar que merece más como víctima y autodefensora, que como verdugo y monstruo. Pero, como digo, es una faceta, que está siendo revisada a día de hoy y posiblemente en 1994 todavía se la viera a un nivel cultural y general como un monstruo depravado. La Baba-Yaga, por otro lado, representa las tres edades de la mujer, y hoy en día se la ve más como un símbolo feminista y sabio que como una bruja malvada. Por eso casi me da un chungo, cuando veo que Hellboy le vuela un ojo. Y, sin embargo, y a pesar de todo lo dicho, si nos centramos en lo que Hellboy es, sin tratar de ir mucho más allá, sin tratar de complicar la historia, sin pensar mucho en ella, aceptándola tal y como es, una americanada, que no tiene respeto, desde mi punto de vista, por esas otras culturas ni ha buceado en sus profundidades psicológicas para tratar de entender el simbolismo de esas mitologías, Hellboy es entretenido y llega a enganchar sin que el lector se de cuenta de ello. De hecho, estoy deseando que me llegue el mes que viene el segundo tomo para comprender y aprender más del personaje y ver si da algún giro, si Mignola empieza a tomar parte a favor de esa mitología que, lejos de ser nociva, es lo que nos enriquece y es nuestra psicología y mundo interior más profundo y si consigue que su personaje evolucione hasta llegar a un punto intermedio donde sepa reconocer que no todo lo humano merece ser salvado y que hay mitologías que deberían existir para poder llegar a un equilibrio sano.


 
 
 

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