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El planeta de los simios

  • Foto del escritor: Myosotis Rowan
    Myosotis Rowan
  • 17 nov 2017
  • 5 Min. de lectura

Nada más entrar en Rara Avis y ver el libro, lo compré. No lo dudé ni un momento. No sólo tengo ahí una historia simiesca con King Kong, sino que acababa de ver además la última entrega de "El planeta de los simios" y me había quedado totalmente enamorada de la historia y cómo se había mimado el rol de cada personaje. Así que la compra estaba decidida, incluso antes de ver el volumen.


Luego, el libro tiene un envoltura muy buen cuidada, casi podría decirse gomosa, de lujo.


Y todas estas vueltas, para adentrarme en la crítica de la novela de Boulle, con miedo y con mil sensaciones rondándome por la cabeza. Empezaré, quizás, por la que creo que será el mejor pistoletazo de salida de esta presentación.


Como paso tanto tiempo en el camino al trabajo, entre trenes, tranvías y autobuses, mato el tiempo leyendo. En mi trabajo me conocen por aquélla que lleva siempre un libro en la mano y guardias de seguridad y compañeros están pendientes de cuándo cambio de libro para interesarse por lo que leo.


Antes de ayer, uno de los guardias de seguridad, me vio el libro y arrugó la nariz, preguntándome por qué leía el libro si la película era antiquísima (se refería a la de Charlton Heston) y si ya la había visto.


Mi respuesta fue la que doy aquí: porque no tienen nada que ver. Se parecen mucho, podríamos decir que la película es bastante fiel, pero se pierden matices importantes.


Cuando se ve la película, sólo se ve una cinta de entretenimiento de ciencia ficción. Pero cuando se lee el libro, son miles de dudas, de preguntas, de posibilidades las que se abren camino a través de la mente del lector. Y son terriblemente controvertidas y, podríamos decir, que hasta tabúes. Detalles que la hipocresía social y, más particularmente, la estadounidense, han decidido pasar por alto (como también ocurre con la obra "Los Miserables", de Victor Hugo, en todas las adaptaciones no francesas que se han llevado a cabo). Dichas hipocresías, como ya imaginarán quienes lean esta crítica, se basa en dos puntos:


-La verdadera imagen del hombre bestializado con todo lo que ello conlleva: desnudez integral y comportamientos asalvajados y grotescos.


-La tensión sexual no resuelta y más que patente durante toda la obra (y no sólo en medio minuto de la cinta) entre especies distintas, llegando a rozar la zoofilia (con cierto grado humorístico en ella en la escena del beso final, que sí planteó la película). Y es que, si esto fuera posible, ¿estaría bien visto que entre dos especies distintas, no digo ya entre monos y hombres, sino entre una vida distinta a la del planeta tierra, con una morfología distinta, pero con inteligencias igualadas o superiores, existiera una unión amorosa o simplemente placentera, sexualmente hablando? ¿Es sólo la inteligencia lo que nos separa, o también sería el pertenecer a especies distintas?


Lo cual me lleva a otra reflexión: el eslabón perdido o, ya que hay teorías que no contemplan ese eslabón, la unión entre lo que sería un escalón más bajo de la evolución del homo sapiens sapiens. ¿Qué pasaría si alguien hoy en día coincidiera con un homo erectus? ¿Sería legítima una unión entre una misma especia pero con distintas fases de evolución? ¿O es la inteligencia, el espíritu humano, la sensibilidad, o como quiera llamarse, lo que hace que una unión sea legítima?


Dejando este espinoso tema, la novela sigue dando que pensar durante toda su lectura.


Escrita con gran inteligencia, consigue que el lector o la lectora, como es este caso, consiga sentirse dentro de la piel de Ulises en un mundo donde él es único. Llega a plantearse incluso, a experimentar, ese agobio de no verse entre iguales, a pesar de verse tratado como uno más en muchos aspectos. Pero la obra consigue que nos metamos en la piel de los simios. En ese terror al ver vacilar todos los pilares sobre los que se sustentan sus creencias más arraigadas de no ser una obra suprema, sino de ser una farsa. Una mala imitación de unos seres que vivieron antes que ellos. De no ser originales. Esa misma sensación que tenemos hoy en día, de siglos arraigadas, quien más y quien menos, de ser únicos. Y a un nivel más espiritual, de ser la Creación perfecta, de un ser superior que se asemeja a nosotros. De hecho, ciertas teorías conspiracionistas corren por ahí, afirmando que nos han ocultado cosas y que nuestros orígenes no estarían tan claros como nos han hecho creer. Pero sea como fuere, descubrir algo parecido a lo que descubren los simios, se sea más o menos creyente o completamente ateo, sería caer de un pedestal que, como digo, llevamos asumiendo durante siglos de existencia.


Aún así, la novela es una alegoría a la supremacía del hombre sobre cualquier otra vida en el planeta tierra, exponiendo que los simios no tienen una verdadera inteligencia original, sino que todo lo que han conseguido, es por imitación de los humanos. Y aquí llegamos a otro punto complicado de explicar de la novela de Boulles, puesto que, tal como ya expuso Darwing, la supervivencia se basa en la adaptación del individuo. A pesar de que en las películas de "El planeta de los simios", sobre todo en las más recientes, la involución del hombre se explica por el desarrollo de un virus creado en laboratorio pernicioso para la humanidad, el autor se ha decantado mejor por una adaptación ante una nueva situación y la sumisión ante una especie más fuerte, ante el dilema de adaptarse o desaparecer. El hombre, entre otras especies, siempre eligirá el camino de la adaptación. Hasta ahora, y esto es una idea mía, el hombre ha sobrevivido sobre la faz de la tierra por esa capacidad de adaptación innata, cual junco doblado por el viento. Boulle nos muestra a un humano capaz de evolucionar e involucionar según las circunstancias sean más o menos propicias. Y esto es algo muy curioso.

Aunque también, esta idea es la pescadilla que se muerde la cola, pues gracias a esa adaptación: ¿no sería el humano un imitador del simio o de otra especie anterior? Y entonces entramos en un bucle que parece no tener fin.


Por último, y para acabar ya esta presentación, que se me está yendo de las manos, "El planeta de los simios" es una obra, que debería leerse, por más que hayamos visto las películas mil veces, porque es también una defensa por los derechos de los animales. Sólo cuando se lee cómo Ulises ve experimentos en humanos, como hoy en día se hacen en laboratorios con animales, y nos metemos dentro de su horror y su odio hacia los simios, nos planteamos qué estamos haciendo nosotros mismos con tanto dolor animal inútil.


Así, pues, si estás planteándote leer esta obra, no lo pienses más. No va a haber arrepentimientos.


Sinopsis:


En un futuro cercano, tres astronautas aterrizan en un planeta que parece idéntico a la Tierra. Aunque su exuberante naturaleza, su clima templado y la atmósfera respirable hacen de él un paraíso, pronto descubren la terrible verdad: en este mundo los humanos son bestias salvajes y los simios han desarrollado inteligencia. Ulises Mérou tratará, por todos los medios, de descubrir el secreto de tan temible civilización, sin saber si eso lo convertirá en el salvador de la raza humana o en el último testigo de su desgracia.


Publicada pro primera vez hace casi medio siglo, la escalofriante novela de Pierre Boulle ha dado lugar a una de las mejores sagas de la ciencia ficción audiovisual. Desde el clásico de 1968 protagonizado por Charlton Heston, se han rodado cinco secuelas (una de ellas dirigida por Tim Burton) y dos series de televisión.


 
 
 

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